La adopción de inteligencia artificial, en cualquiera de sus modalidades, se convirtió en una condición para mantener la competitividad del negocio. Su despliegue, sin embargo, expone a la organización a dos vectores de riesgo estructuralmente distintos que piden la atención del directorio: la fuga de datos sensibles por uso no autorizado de IA pública, y el riesgo operacional de agentes que ejecutan acciones por sí solos en entornos productivos.
En el contexto chileno, marcado por la Ley 21.663 (Ley Marco de Ciberseguridad) y la Ley 21.719 (Protección de Datos Personales), abordar ambos frentes con un marco de gobernanza diferenciado no es solo cumplimiento: es la vía para proteger el patrimonio y la continuidad operacional de la compañía.
02 · Vector 1: Shadow AI y gobierno de datos
El Shadow AI ocurre cuando los colaboradores usan plataformas públicas de IA generativa sin autorización ni supervisión de TI y Ciberseguridad, e introducen documentación sensible, estados financieros, proyectos estratégicos o bases de datos de clientes para resolver más rápido sus tareas diarias.
La intención suele ser buena. El efecto no: al ingresar información confidencial en motores abiertos, la compañía pierde la soberanía sobre sus datos, porque ese contenido pasa a alimentar modelos de terceros. Lo que salió en un prompt no vuelve.